Suspiros del Sáhara publica en abierto tres libros sobre la Guerra de Ifni (1957-1958) y el diario de un soldado castellonense. No es un blog con textos largos: es una obra que hay que poder leer entera, en pantalla, sin cansarse.
suspirosdelsahara.com En vivo La medida de línea manda sobre todo lo demás
Un texto de veinte mil palabras se abandona por la maquetación mucho antes que por el contenido. Y de todos los ajustes, el que más pesa es la medida: cuántos caracteres caben en una línea. Demasiado ancha y el ojo pierde el salto al volver al margen izquierdo; demasiado estrecha y se rompe el ritmo cada tres palabras.
La franja que funciona en castellano está entre 60 y 75 caracteres por línea. Se fija con una anchura máxima en unidades relativas a la tipografía, no en píxeles, para que siga cumpliéndose si el lector agranda la letra —que en un sitio que consultan familiares de veteranos, con lectores de setenta y ochenta años, no es un caso raro sino el habitual.
Interlineado, tamaño y jerarquía: tres números que van juntos
- Cuerpo de texto por encima de los 18 píxeles equivalentes. En lectura larga, 16 se queda corto en cuanto la pantalla se aleja de los ojos.
- Interlineado de 1,6 a 1,7 en el cuerpo, y más apretado en los títulos: un titular con el mismo interlineado que el párrafo parece flotar suelto.
- Separación entre párrafos mayor que el interlineado. Si son iguales, el texto se convierte en un muro y el lector no encuentra dónde volver cuando levanta la vista.
Nada de esto es de gusto personal. Es lo que decide si alguien lee el capítulo entero o cierra a los dos minutos.
Episodios, no capítulos infinitos
Los tres libros están partidos en episodios. La razón es de lectura antes que técnica: un episodio es una sesión, tiene principio y final, y se puede retomar sin releer. Pero la consecuencia técnica es igual de importante: cada episodio es una URL propia, con su título y su descripción, que puede aparecer en una búsqueda por sí sola.
Un libro entero en una sola página larga es una sola URL compitiendo por veinte temas distintos, y no gana ninguno. Partido por episodios, cada uno responde a lo que alguien está buscando de verdad: un nombre, una fecha, un lugar concreto de la campaña.
El archivo fotográfico pesa, y se nota
Las fotografías de archivo llegan escaneadas, grandes y en formatos que no son de web. Servirlas tal cual convierte una página de lectura en una descarga de varios megas.
El tratamiento es siempre el mismo: varios tamaños generados de cada original, srcset para que el navegador elija el que corresponde a su pantalla, formato moderno con respaldo, y carga diferida en todo lo que está por debajo del pliegue. La foto de cabecera nunca es diferida: es el elemento grande de la página y aplazarla es empeorar la métrica que mide su carga.
El original completo se conserva y se puede abrir a tamaño real. Quien busca la cara de su padre en una foto de 1958 quiere ampliarla, y esa es exactamente la persona para la que existe el sitio.
Cada fotografía lleva un pie con lo que se sabe de ella: lugar, fecha aproximada, quién aparece si consta. Es lo que la convierte en documento en vez de en ilustración, y es lo que hace que se pueda encontrar buscando un nombre.
Un diario transcrito es un problema aparte
El diario de Pascual Guillamón está transcrito. Una transcripción no se maqueta como un capítulo: conserva la fecha de cada entrada como encabezado, respeta cortes y anotaciones, y distingue tipográficamente lo que escribió el autor de lo que ha añadido el editor para que se entienda. Si esa distinción no es visible, el documento deja de ser fiable.
Por qué esto es un proyecto de ingeniería y no de decoración
Es fácil despachar una web así como «un WordPress con textos». Pero el encargo real era que la obra de toda una vida se pudiera leer, buscar y conservar. Eso son decisiones de estructura —episodios como URL, transcripción distinguible, imágenes con contexto— que se toman una vez y duran lo que dure el sitio.
Han tratado la memoria de aquellos soldados con un respeto exquisito. Ver el diario y las fotografías así presentadas, al alcance de cualquiera, es más de lo que imaginé cuando empecé a escribir.
J.A. Segovia, autor de Suspiros del Sáhara