Cuando decimos que trabajamos «de cero a hero», en Castellón nos entienden a la primera. Esta ciudad lo hizo literalmente: nació en lo alto de un cerro y, con un permiso real bajo el brazo, se mudó entera al llano para poder crecer. Hoy es nuestra base para servir a Europa, el Mediterráneo y el norte de África. Va siendo hora de contarte dónde vivimos.
1251: el privilegio de empezar de nuevo
La historia oficial empieza con una firma. En 1251, el rey Jaume I concedió el privilegio de trasladar la villa desde el cerro de la Magdalena —donde aún hoy resisten las ruinas del castillo viejo— hasta la llanura fértil junto al mar. La tradición sitúa la mudanza en 1252, y no fue un detalle menor: un pueblo entero desmontó su vida y la volvió a montar unos kilómetros más abajo, apostando por el agua, la huerta y el comercio.
Cada tercer domingo de Cuaresma, Castellón celebra la Magdalena: una romería sube al cerro original para recordar el viaje fundacional, «de la muntanya al pla». Las gaiatas —monumentos de luz que desfilan por la ciudad— simbolizan los faroles de aquella bajada. Pocas ciudades del mundo tienen como fiesta mayor el aniversario de su propia reinvención.
El Fadrí: un campanario sin iglesia
El símbolo de la ciudad es una torre campanario octogonal de unos 58 metros terminada en 1604: el Fadrí. Su rareza es que está exento, separado de la concatedral de Santa María. «Fadrí» significa «soltero» en valenciano: la torre que nunca se casó con su iglesia. A los ingenieros de la casa nos encanta por otra razón: es un módulo desacoplado que lleva cuatro siglos en producción sin downtime.
La ciudad que industrializó la artesanía
Si has pisado un suelo cerámico en Europa, hay muchas papeletas de que naciera a pocos kilómetros de nuestra oficina. La provincia de Castellón concentra uno de los mayores clústeres cerámicos del mundo: en torno al 90% de la producción española de azulejos sale de aquí. Es una lección de manual que tenemos delante cada día: un oficio artesano de siglos que se reinventó con tecnología, química e innovación hasta liderar un mercado global. Artesanía más ingeniería. Nos suena.
Mar, universidad y fibra
- El Grao y sus playas: el Mediterráneo a diez minutos, con las islas Columbretes en el horizonte
- La Universitat Jaume I (1991), cantera de la que han salido varias manos que han tocado nuestros proyectos
- Una escala humana: se llega a todas partes en bici, y el equipo lo aprovecha
- Buena conectividad y huso horario europeo: perfecto para servir a Europa y al Mediterráneo
Por qué nuestra sede europea está aquí
Podríamos contarte que por los costes, el talento de la UJI o la calidad de vida, y todo sería verdad. Pero la razón honesta es más simple: es casa. Aquí nació la idea de Intervolutions y aquí late el equipo técnico que sirve a Europa y al norte de África, mientras nuestra sede de Princeton (Illinois) cubre el continente americano. Trabajamos en una ciudad que se fundó mudándose entera para poder crecer. Difícil encontrar mejor recordatorio de a qué nos dedicamos.
De la muntanya al pla: el primer «de cero a hero» de la historia de Castellón lo protagonizó la propia ciudad.
El equipo de Castellón, con el Fadrí de testigo